En ocasiones nos sentimos cansados de la rutina de siempre.
Nuestros deseos de salir adelante y triunfar se ven disminuidos ante tantas preocupaciones y el sentirnos atrapados en el mismo trabajo, en los mismos problemas. Recordamos que pronto tendremos que pagar la renta, la luz, el teléfono, la escuela de los niños, las tarjetas de crédito, etc.
Nos sentimos hastiados de lo mismo, y nuestra energía mental está en un claro nivel bajo.
Pensamos que quizá nos ha ganado el conformismo. Tal vez eso del éxito no sea para nosotros. Quizá sea mejor no hacer grandes esfuerzos y consolarnos con la idea de que hay quienes viven una situación más dura que nosostros. Pareciera que todo ya está definido en nuestra vida, por más esfuerzos que hagamos por superarnos.
Y si consideramos la idea de alcanzar esa vida de abundancia y riqueza que deseamos, casi de inmediato surgen contra-ideas que nos argumentan que la riqueza, la prosperidad, el éxito, son entes malos y perversos de los que hay que alejarse. Quedamos atrapados nuevamente en nuestra situación actual.
Pero por dentro, se resiste nuestro ser a ser derrotado, a quedarse sentado sólo para lamentarse y autocompadecerse. Y como su vez la hemos debilitado tanto, ya prácticamente ni se escucha.
Si damos un paso más adentro de nosotros, simplemente nos autodiagnosticamos con las siguientes palabras: "No soy feliz. No me siento feliz". Y no sabemos qué hacer. Será mejor salir, distraerse, y olvidarse de esta insatisfacción haciendo mil cosas: salir a tomar con los amigos, ir al cine, o simplemente ver televisión todo el día.
En este punto, hemos dejado, por no decir abandonado, nuestro impulso natural de saciar nuestra sed de triunfo, de éxito, de abundancia.
Es momento de reflexionar seriamente, de dejar de engañarnos a nosotros mismos, y poner en claro que no queremos seguir viviendo nuestra situación actual, y que tenemos derecho, desde que nacimos, a ser felices. Sí, desde que nacimos. Sería irracional pensar en que hemos nacido para vivir sometidos, para olvidarnos de nosotros mismos, para hacer lo que los demás nos marquen, para llevar una vida vacía y rutinaria, y, en una palabra para renunciar a ser felices. Pero es exactamente lo contrario.
Hemos venido a este maravilloso universo para disfrutarlo, para aspirar a estar en armonía con él y ser felices, PLENAMENTE. Es nuestro derecho.
Nadie, absolutamente nadie ni nada, nos puede quitar este derecho. Anhelamos ser felices, desde lo más profundo de nuestro ser, a pesar de todas la adversidades, y buscamos el lugar y el momento para sentirnos plenos y realizados. Y este deseo vive en nosotros y es el motor de nuestro existir, es lo que nos mantiene con vida y nos tira adelante. Por supuesto, no podemos adueñarnos de este derecho pisoteando la vida de los demás. Al contrario, hemos de buscar la felicidad de los que nos rodean para también nosotros ser felices. Y, por otro lado, hemos de recordar esto siempre, porque muy fácilmente se nos olvida que hemos nacido para ser felices plenamente. Nuestra tarea es recordar a diario que cada día es una oportunidad para ser más felices. Hoy podemos sonreír, aunque sea un poco, pero mañana, nos propondremos sonreír un poco más, y así continuamente todos los días. Y cada día estaremos más cerca de la felicidad que desea el universo para nosotros.
Alimentemos cada día nuestros profundos deseos de ser felices, de vivir en abundancia, de tener la riqueza que deseamos, y agradezcamos mucho, ya que cada día estaremos más en posesión de lo que hemos anhelado.
Es hora de decidirnos a tomar con coraje nuestro derecho de ser felices, y nadie puede decirnos lo contrario. Así estaremos en camino de construir una existencia más plena. Y, por el contrario, la insatisfacción de la rutina, el vacío de la vida, la monotonía, el vivir sin deseos en la vida, etc., eso sí que es una situación inhumana, innatural, de la que tendremos que huir lo más lejos posible, y no dejarnos envolver por lo que nos degrada en nuestro ser.
Finalmente concluir que la situación de miseria espiritual y material sólo nos destruyen, nos enferman y quitan la alegría de vivir. Esto no es inherente al ser humano. Nuestro cuerpo y nuestro espíritu están hechos para crecer, expandirse, trasnmitir más vida, y llenarse de felicidad.
Estemos completamente seguros que nuestra situación de insatisfacción no es parte de nosotros, sino una llaga que hay que eliminar de nosotros, y hacernos conscientes de que nuestro derecho es alcanzar la plenitud en todo nuestro ser para ser completamente felices. Por tanto, escuchemos nuestros profundos deseos, y busquemos realizarlos con todo nuestro coraje y todas nuestras fuerzas. Anhelemos vivir nuestros sueños. Todo depende de nosotros. No demos un paso atrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario