Solemos apreciar cosas que hay a nuestro alrededor. Cosas tales como autos, casas, relojes, ropa bonita, unos zapatos, el celular de moda, las videoconsolas más actuales... Adquirimos algo de ésto, y los ponemos en un lugar especial en nuestra percepción, y les asignamos un alto valor que defendemos con infinidad de argumentos.
Del valor que damos a esto objetos de nuestro entorno, también solemos darle una gran importancia a las personas que nos rodean. Supongo que eso está muy bien. Queremos a las personas que nos ayudan y nos acompañan en nuestro vivir de cada día, como nuestros padres, nuestra pareja, nuestro hijos, familiares, y amigos. Cada uno de ellos tiene asignado un valor especial para nosotros.
No olvidaremos mencionar el afecto que sentimos por ciertas mascotas, o por lugares, o por cualquier otra cosa que se nos ocurra. Tenemos una infinidad de cosas a las que les damos valor. Y esto está muy bien... Sin embargo...
Ahora viene bien el preguntar: ¿Y qué hay del aprecio a nosotros mismos, a nuestra persona individual? ¿Qué valor nos atribuimos sin referirnos a la opinión que los demás tengan de nosotros?
Es posible que querramos evitar el enfrentar estas preguntas; quizá nos incomodan; quizá no queremos voltear a vernos a nosotros mismos tal como somos. Tal vez desviemos la mirada para no hacer un análisis introspectivo de nuestro ser. Pareciera que fuese muy sencillo apreciar cosas, animales o personas que están en nuestro entorno, en nuestro exterior, pero se vuelve complicado apreciarnos a nosotros mismos.
Miremos hacia nuestro interior, no para juzgarnos, no para ser severos con nuestros defectos, ni para lamentarnos, ni mucho menos. El mirarnos con negatividad no ayudará en formarnos una imagen real de quiénes somos en el fondo.
Éste será nuestro punto de partida, el enfoque que tengamos de nosotros mismos, pues tal como nos lleguemos a percibir interiormente, es lo que exterioricemos en el mundo que nos rodea.
Si nos consideramos una persona de poco valor y necesitada, eso es lo que el mundo exterior nos reflejará con situaciones difíciles y con una vida de carencias. Por el contrario, si vamos dándonos valor, por ser creaturas únicas, porque tenemos un valor intrínseco que no depende de nada ni de nadie, que somos seres de un alto valor que merecen vivir la vida en plenitud y en felicidad, la vida nos irá llevando eso a nuestra vida, el trato de los demás será acorde a esta percepción de nosotros mismos, la vida cambiará de forma total. Quizá no de la noche a la mañana, pero lo lograremos. Es un cambio que hacemos a cada día, dirigiéndonos palabras amables a nosotros mismo, dándonos felicitaciones por hacer cosas bien, aunque sean simples; o mejor, si son complejas y las resolvemos satisfactoriamente. Un logro a cada día nos ayudará a crear ese camino de plenitud que soñamos.
La importancia de nosotros mismos, la damos por el reconocimiento personal, no por el reconocimiento que la sociedad nos dé a nosotros.
Creamos en nosotros mismos; tengamos fe en nosotros mismos.
Cada vez que nos veamos en el espejo, decirnos a nosotros mismo que somos seres maravillosos, seres importantes, seres únicos, que realizan un proyecto único de vida. Sabemos que nuestra aportación a la vida, a la sociedad, al mundo, es importante. Todos contribuimos al bienestar de los demás.
Por eso, al agradecer por un nuevo día, tomemos un ánimo positivo; un estado de ánimo alegre y optimista son esenciales para nuestro mejor desempeño; un estado de ánimo bajo, nos traerá poca energía, poca iniciativa. Es por eso importante cuidar nuestras emociones, ya que ellas nos dirigen hacia un estado de ánimo concreto. Y con este estado de ánimo marcamos todo lo que hacemos. Afectamos nuestra percepción, nuestras reacciones, nuestra relaciones sociales. De allí la relevancia de sabernos mantener en la alegría y el optimismo.
Volveremos con buen ánimo a este tema del valor de sí mismo en próximos post.

No hay comentarios:
Publicar un comentario