Existe un refrán que dice "ningún viento es favorable para el barco que no sabe a dónde va".
¿Tenemos bien claro qué deseamos de la vida?
¿Sabemos hacia dónde nos dirigimos?
¿Hemos definido nuestras metas y propósitos para nuestra vida?
¿Cómo nos imaginamos dentro de 5, 10, 15, 20 años?
Si no lo hemos hecho, es momento de detener nuestra vida para reflexionar qué estamos haciendo con ella. Podemos no detenernos, no darle importancia, y dejarnos llevar por la corriente. Al cabo de algunos años sentiremos una gran sensación de vacío.
Esta vida, nuestra vida, es nuestra, y es también nuestro el destino que le demos.
Para saber qué queremos en la vida, sólo busquemos un lugar tranquilo para profundizar en nosotros mismos, darnos cuenta de qué deseamos cuando éramos niños, y por qué abandonamos esos deseos. Es hora de hacernos uno con nuestras metas. Esas metas, esos anhelos son... nosotros mismos. Son parte de nuestro ser. No podemos abandonarlos en un rincón. Abandonaríamos nuestra propia puerta para la felicidad.
Seamos nosotros mismos otra vez, pongámonos en armonía con nuestro yo interior.
Eso que deseamos es nuestro, y es nuestra decisión luchar o no luchar por alcanzar nuestros objetivos.
Fijémonos las metas que nos harán felices, que nos llenarán de alegría y plenitud.
Creo que no es tan difícil buscar en nuestro interior y dar con lo que más nos hace felices. Lo difícil es decidir a luchar por alcanzar esas metas. Fácilmente podremos olvidar lo que queremos. Fácilmente nos puede ganar la desgana, la apatía. Pero podemos redoblar nuestros esfuerzos, y cada día tomar esa hoja, ese cuadernos donde apuntamos nuestros anhelos y metas, y volverlo a leer, volvernos a sentir entusiasmados porque a cada día estamos más cerca de alcanzar nuestra plena realización.
Cada día leamos nuestras metas.
Cada día imaginémonos exitosos, con las metas alcanzadas.
Cada día puede ser un pequeño triunfo.
Cada día podremos regresar por la noche a nuestra cama porque vamos camino al éxito.
Quizá esos anhelos, esos deseos, se hagan realidad en el momento que menos imaginamos.
Todo dependerá de la sed de triunfo que llevemos en nuestro ser.
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