No resulta sencillo responder a la pregunta de por qué no soy rico.
Existe una gran cantidad de respuestas, según la historia particular de cada persona.
Lo gracioso de este cuestionamiento, es que para contestar a esta pregunta, tenemos que dirigirnos no hacia el exterior, sino al interior de nosotros mismos.
Dentro de nosotros encontraremos todas las respuestas. Desafortunadamente, muchas de ellas no serán de nuestro agrado. Muchas de ellas, sólo nos recordarán situaciones difíciles que no quisiéramos se volvieran a repetir. Y, en relación a la riqueza, estos recuerdos nos alejan de nuestros propósitos.
Pero la riqueza sólo es una palabra que abarca diferentes áreas de nuestra personalidad.
Todo ser humano, en su sano juicio, aspira a ser feliz, a llenarse de momentos agradables, a rodearse de personas a quienes querer y sentirse querido. Sin embargo, es demasiado fácil olvidarse de esto, ya que la mayoría de las veces vivimos atendiendo a nuestro exterior, olvidándonos de atender a nuestro interior, dejando de lado los deseos más profundos de nuestro ser.
En algún momento de insatisfacción lamentamos nuestro infortunio, y culpamos a las circunstancias y a los que nos rodean de nuestra desdicha. Es increíble que no nos demos cuenta de que la llave de nuestra propia felicidad está escondida en algún rincón dentro de nosotros mismos.
Eramos niños, y aprendimos muchas lecciones de la vida, sin tener la conciencia suficiente para asimilar lo que nos sucedía o lo que nos decían.
De esta forma, y casi de manera inconsciente, construimos una visión de la vida que nos marcará nuestro propio destino, también de forma inconsciente.
De niños escuchamos ideas sobre el amor, sobre el dinero, sobre el trabajo, sobre casi cualquier actividad que nos rodeaba. Seguimos el ejemplo de los demás. No nos complicamos el cuestionarnos si los sucesos podrían haberse desarrollado de otra manera. Si éramos inquietos, la vara de la reprensión nos ahogaba cualquier movimiento impulsivo de nuestro interior, dejándonos confundidos y con pocas ganas de intentarlo de nuevo. Y si éramos pasivos, la vida parecía menos complicada, sólo que tarde o temprano, o nos manipulaban los más abusivos, o nos tachaban de perezosos.
Si atravesamos épocas difíciles, económicas, familiares o laborales, esos patrones de conducta de las personas mayores las tomábamos como nuestras. "Así se hacen las cosas", o "esta es la postura correcta respecto al dinero, al trato de los demás, en el trabajo, etc.", frases que inconscientemente íbamos asimilando y nos labraban un futuro del que poco haríamos por cambiar, a menos que tomáramos consciencia de él.
Si sólo escuchamos comentarios negativos respecto al dinero, a la riqueza, nos estábamos programando para rechazar el dinero en nuestras vidas. Si, así infantes, alimentábamos el odio a las personas ricas, ya que aquel círculo social en el que vivíamos, constantemente los atacaba, llenábamos nuestra mente del rechazo a ser ricos.
Los ricos eran los abusivos, los malos de las historias, los egoístas, los aprovechados, y la moraleja de las historias (incluso de las de la televisión y las noticias) era que ser rico era malo y ser pobre era noble y digno de elogio.
Si el día de hoy queremos liberarnos de esas ideas que nosotros nunca aprobamos se nos "inyectaran" en nuestra forma de pensar, ya que carecíamos del criterio suficiente, es necesario replantear todo ese mundo equivocado respecto al dinero.
Tengamos presente que el dinero no es bueno ni malo. La fuente de la maldad está en nuestro interior; si usamos el dinero para fanfarronear, para humillar, para despreciar a los demás, eso es algo que brota de nuestro interior; pero si usamos ese dinero para ayudar a los demás, incluso, para comprar unos dulces a niños desamparados, podemos hacer uso del dinero para el bien.
El dinero no puede ser un fin, sino un medio para llevar alegría a los demás.
Entonces, para empezar este camino hacia tu riqueza, cambia tu forma obsoleta y equivocada respecto al dinero.
Tal vez los demás tengan una idea equivocada respecto al dinero; te dirán lo que siempre has oido, que el dinero es malo, que sólo los abusivos son ricos, que los ricos explotan a los pobres, que es mejor seguir siendo pobre, etc. Creo que yo estoy harto de escuchar esas ideas, que no son mis ideas, ni comparto esas ideas.
Mi forma de pensar respecto al dinero es muy diferente al suyo. Si sólo piensan en el dinero como algo destructivo que trae infelicidad, entonces, eso les traerá a ellos.
Yo pienso en el dinero como algo positivo, como algo que me será de utilidad para alcanzar mis metas en la vida, y compartir mi abundancia con los demás, y enseñarles a ver que es posible construir armonía incluso siendo rico.
Me libero de la concepción errónea respecto al dinero. Sólo puedo crear y asimilar pensamientos de crecimiento respecto al dinero.
Y no digo con esto que dejo de lado a la pobreza, como un elemento inútil en la vida del hombre; la pobreza el loable, pero también en la pobreza se puede ser infeliz y maldecir cuantos nos rodean porque les va mejor que a mí.
Nuestra felicidad, entonces, no depende de la riqueza ni de la pobreza, sino de nuestra decisión de aceptarla y compartirla, de lo que sembremos en nuestro corazón; seremos personas de bien, porque así lo habremos deseado y decidido, independientemente de si en nuestra vida hay riqueza o probreza.
Si decidimos ser ricos, seamos felices y llevemos felicidad a los demás.
Si decidimos ser pobres, seamos felices y llevemos también nuestra felicidad a los demás.
Si optamos por ser ricos, busquemos serlo para provecho propio y el de los demás. Sembremos nuestro propio pensar acerca del dinero. Eliminemos nuestros pensamientos negativos respecto al dinero y pongamos en su lugar sólo nuestras más nobles aspiraciones. Recordemos que, lo que pensamos, es lo que atraemos.
Si pensamos en limitaciones y pobreza, eso tendremos.
Si pensamos en riqueza y prosperidad, eso se hará presente en nuestras vidas.
Cambiemos hoy nuestro pensamiento, imaginemos sólo aquello que deseamos y que nos hará felices. Creemos la vida que queremos desde nuestro interior. Pongámonos en armonía con nosotros mismos, y démonos la oportunidad de ser felices en la vida. Este es nuestro derecho, sólo basta quererlo desde lo más profundo de nuestro ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario